DESPUES DE TANTO TIEMPO AUSENTE          ME OLVIDO DE QUE SIGO VIVO


HaBLANDO DE TI

EL NÁUFRAGO ËLAN

Programa 118 - el desarrollo de la identidad en la era de la publicidad


Las personas recibimos entre 3.000 y 5.000 impactos publicitarios diarios. Las estrategias de marketing determinan por qué, qué, cómo, dónde, cuándo y a quién deben llegar estos mensajes. Las batallas publicitarias se libran en el corazón. Crear una corriente de simpatía, un vínculo duradero con los públicos es la finalidad de los anuncios y de toda publicidad que se precie.

Su objetivo es provocar reacciones. La finalidad de los anuncios es que ejecutes una acción: adquirir una crema para las hemorroides, contratar una fibra óptica más rápida que la luz o hacer excursiones a Alahurín de la Torre y para ello utilizan cualquier técnica de persuasión y manipulación. La primera norma para reconocer que la publicidad sí nos influye es admitir que genera cambios en nuestro comportamiento. El problema está en que la única reacción que reconocen los publicistas son las ventas, el resto las niegan.

Los profesionales del marketing mix tienen muy presente cómo funciona la psique de los públicos. Los seres humanos somos animales racionales; es decir, utilizamos la razón para tomar decisiones. Lo cual es cierto… pero solo en parte. Porque, como también somos afectivos, lo emocional influye de manera decisiva en nuestra voluntad, incluso, en los procesos de compra aparentemente lógicos, como los de un piso, sistema informático o coche.

Así, la comercialización es una cuestión de imagen. Los productos son, básicamente, indistinguibles por sus componentes y prestaciones técnicas: las innovaciones pronto son igualadas por la competencia. Por ello, las decisiones de compra se toman de manera emocional y genuinamente humana. La publicidad y el marketing digital y convencional influyen decisivamente.

La aparición de las marcas, la comunicación publicitaria, el digital marketing y los demás elementos de mercadotecnia permiten distinguir productos y escogerlos -o no- con un mayor conocimiento de su composición, su funcionalidad y sus atributos. Si el producto gusta, resulta fácil reconocerlo de nuevo en la tienda y volver a elegirlo, la siguiente vez. El marketing online también se basa en este principio: estrechar vínculos entre los productos -las marcas- y sus públicos potenciales o reales.

La publicidad se dirige a las emociones, los afectos y la emotividad. Es cierto que también ofrece argumentos racionales que ayudan a justificar, después, los comportamientos de compra, pero su “batalla” se da en el corazón humano. Por eso, ofrece imágenes estimulantes, mensajes positivos, belleza, satisfacción, felicidad y buen rollo asociados a los productos anunciados. Quien se identifica con dichos conceptos y se reconoce en ellos querrá probar y disfrutar con esa marca. Y, si le gusta, se convertirá en un cliente fiel… hasta que otra le vuelva a robar el corazón.

Para hablar de ello y muchas más cosas contamos con nuestro psicólogo y colaborador Xavier Sanmartin y al director creativo Boke Bazán

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